Thaumetopoea pityocampa
La procesionaria del pino es uno de los fitófagos más temidos en los ecosistemas mediterráneos. Sus orugas se alimentan de las acículas de diversas especies de pinos y cedros, provocando defoliaciones masivas que debilitan los árboles, reducen su crecimiento y los hacen más vulnerables a otras plagas y enfermedades. En ataques severos y repetidos, la pérdida de la capacidad fotosintética puede llevar a la muerte del ejemplar.
En entornos urbanos y periurbanos (parques, jardines, colegios, campings), la procesionaria supone un riesgo añadido para la salud pública. Durante la primavera, las orugas de últimos estadios descienden de los árboles en característica procesión para enterrarse. En ese momento, liberan unos pelos urticantes (setas) que son transportados por el viento. El contacto con estos pelos provoca:
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Reacciones dérmicas: urticaria, dermatitis, erupciones con intenso picor.
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Problemas oculares: conjuntivitis, queratitis.
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Afecciones respiratorias: rinitis, faringitis, broncoespasmos (especialmente peligrosos en niños, ancianos y personas asmáticas).
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Riesgo para animales domésticos: perros y gatos pueden sufrir necrosis en la lengua si huelen o lamen orugas, requiriendo atención veterinaria urgente.
Estos incidentes obligan a restringir el acceso a zonas verdes durante los meses de mayor actividad de la plaga, generando alarma social y reclamaciones vecinales.